sábado, 29 de septiembre de 2012

Cuántas alegrías da escribir novelas


¡Cuántas alegrías, cuántas, desde que decidí dedicarme a la escritura! La más importante, enriquecedora y valiosa es sin duda la opinión de los lectores. He querido compartir las palabras de Nora Marín, una lectora que me escribió ayer en mi grupo de fans de facebook, porque no existe para un escritor premio mayor que palabras como las suyas.


"Gracias a ti retomé mi amor por la novela romántica, Olivia. 
Aunque todos los libros tienen, si no en su trama principal, una historia de amor, no había vuelto a leer ninguno desde hacía bastante tiempo, cuyo tema central era el amor con mayúsculas, y ése fue tu "Dama de tréboles"
Me volvía a enamorar de la literatura romántica, y ahora se me van los ojos detrás de las librerías buscándola. 
Muchas gracias, Olivia, de verdad :-)"


Gracias Nora, gracias a todos vosotros de corazón. Recibir mensajes como éste son el mejor premio que puede obtener alguien como yo, que sólo escribe historias con finales felices para que quien las lea disfrute un poquito con ellas.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Ketchup



"—No es mi trabajo lo que me preocupa; si una puerta se cierra, otra se abrirá. Si no es en Nueva York, puedo irme a trabajar a Pittsburgh con ellos.
—Ellos son soldadores.
—Si no lo lograra en las acereras, buscaría empleo en la gran fábrica de ketchup —alegó tan campante." DELICIAS Y SECRETOS EN MANHATTAN, capítulo 9.


Cuando escribía DELICIAS Y SECRETOS EN MANHATTAN y supe que el ketchup que hoy conocemos nació en Pittsburgh, por el cariño que tengo a mi querida peña española "LOS DE PATA NEGRA", quise hacer un pequeño homenaje a esta salsa mundialmente conocida. Pittsburgh no sólo fue la ciudad del acero donde tenían sus fábricas los grandes magnates de Nueva York en las que se fabricaban las vigas para la construcción de los rascacielos.
Juanjo y Rachael, de la Peña Los de Pata Negra, que me enviaron
este recuerdo suyo con la novela y del Heinz Stadium de Pittsburgh, el famoso campo de futbol americano

El artífice fue un alemán, Henry John Heinz, que tuvo la idea de comercializar a escala industrial las recetas de conservas de su madre.
Henry John Heinz

Empezó con rábanos, luego con pepinillos, hasta que en 1876 añadió tomate a la receta de una salsa inventada en China y que los marinos ingleses llevaron a Inglaterra en el siglo XVII.
Publicidad del s. XIX de los pepinillos Heinz

Henry John Heinz no tuvo que luchar con competidores, ya que apostó siempre por la calidad. Su principal escollo consistió en vencer la arraigadísima costumbre de las amas de casa estadounidenses de elaborar sus propias conservas caseras. En las grandes ciudades, por el tipo de vida más rápido, el ketchup embotellado se popularizó enseguida.
Fábrica de Pittsburgh a finales del XIX

Heinz no sólo fue un buen fabricante sino un visionario; como muestra esta anécdota: el primer luminosos de neón que se exhibió en Times Square fue el de los pepinillos en conserva Heinz nada menos que en 1915.
Esquina de Times Square con Brodway en 1915

Como pequeño mérito español a este invento, Heinz compró en 1940 una empresa mexicana de conservas, cuyos dueños eran españoles, y adquirió de ese modo una nueva receta para su salsa que es la que hoy seguimos consumiendo.
Heinz fue uno de tantos ejemplos de inmigrante emprendedor que logró el sueño americano y, cómo son las cosas, lo logró con una modesta salsa de tomate embotellada que hoy está presente en casi todas las neveras del mundo, en todos los restaurantes de comida rápida e incluso en la Estación Espacial Internacional.


"—Carne de dudosa procedencia, patatas fritas a la francesa regadas con tomate embotellado y bebida dulce —enumeró cambiando de tema—. Al final acabará poniéndose de moda." DELICIAS Y SECRETOS EN MANHATTAN, capítulo 7.

Pues sí, tal como decía Phillip en la novela, acabó poniéndose de moda y todo indica que durará muchos siglos más.

Fuentes:
Heinz
Foodimentary


Entradas relacionadas

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...